Cuauhtémoc
Cuéllar Escamilla
Nada más adecuado y mejor bienvenido que
una disparatada, distópica, y satírica película que ponga en cuestión el
eminente absurdo contemporáneo de vivir en una época de máximo avance
tecnológico y científico que convive y va de la mano de una inopinada vocación por
la ignorancia y la desfachatez. Las explicaciones, para beneficio nuestro, no
parecen importarle mucho a Yorgos Lanthimos (Atenas, 23 de septiembre de 1973),
y se enfoca mucho en los catastróficos resultados de este Cocktail Molotov, donde
se acude mucho a la comedia negra, al gore, y a la herencia que nos ha dejado
el mejor Cine Independiente, Posmoderno, Underground y de Vanguardia, como el
de Hal Hartley (Fay Grim, 2006) o Jim Jarmush (Dead Man, 1995).
Para lograr esta empresa de acudir a un
tema aparentemente simple en su complejidad eludiendo el contexto explicativo,
el cineasta se vale primordialmente de un par de herramientas; por una parte su
gran talento y experiencia en el área de casting para seleccionar fenotipos específicos,
y por otra parte, su habilidad para poner en imágenes lo que visualiza de esos
fenotipos, además de poner en escena imágenes impactantes y descabelladas mediante un dispositivo estético sumamente
bombástico. Difícilmente se encuentra en el cine de todas las épocas un
cineasta tan característico, específico y único. Sus temas siguen siendo los
mismos desde que filmaba de manera limitada en recursos materiales en su natal
Grecia, y aunque su acceso al Cine del Mundo ha transformado sus planteamientos
estéticos, su fuerza creativa, lejos de limitarse en sus alcances, se abre y se
amplia justo como una Begonia en primavera. Tal vez la referencia no sea baladí
para subrayar que esto mismo es lo que ocurre al derivar el título del film,
con prístino aderezo en la no descripción del asunto como un Bug en la
matrix.
Punto y aparte es el inusitado modo de
zanjar con justicia los diferendos en las posiciones con respecto al tema; por
un lado la ignorancia supina y desfachatada de las clases sociales mayoritarias,
y por otro lado la apabullante soberbia de las clases superiores que terminan igualadas a la primera al creerse
su propio mito. Una infamia desde cualquier punto de vista. Más de un crítico
europeo ha señalado por esto que percibe un odio inaudito del Autor de Cine
hacia sus personajes. Yo, repito, creo que solo sabe encontrar los actores
perfectos para representar lo que tiene en mente. Si la Academia Norteamericana
de Ciencias y Artes Cinematográficas no reconoce a Emma Stone con otro Óscar,
solo será debido a esa extraña política de no hacerlo cuando ya se acumulan
dos. Y los dos bajo la dirección del artista griego. Tres Óscares ya son para
casos demasiado específicos, pero nuevamente los críticos señalan que podría
ser desviado hacia Jesse Plemons, actor que da vida a uno de los personajes más
patéticos de toda la historia del cine, y de ocurrir así, estaríamos ante un
caso tan lamentable como el de la bella Charlize Theron, cuando obtuvo su
reconocimiento por representar a un ser, también, absolutamente repugnante. Con
la academia, todo puede ocurrir, y más cuando esa repugnancia puede ser
justificada con argumentaciones políticamente correctas aunque conduzcan a la conmiseración
y una reconocible lástima, como en el caso que se nos presenta al existir una
cadena de situaciones traumáticas que se van revelando a lo largo de la trama.
Pero chisme aparte, es francamente hilarante como el autor griego conecta este
hecho con el asunto de las conspiraciones disparatadas y sobre todo, cuando es
en la actualidad dónde son tan populares que hacen palidecer a cualquier mito o
fantasmagoría más propias de la antigüedad de cualquier data o geografía.
De no ser por la gran carga
intelectualizante de este filme, podría decirse que México podría ser uno de
los países donde más éxito podría lograr cuando, en otro sentido, tiene mucho
de familiar con aquellas peliculitas de ciencia disparatada tan populares en el
México sesentero donde Santo, el enmascarado de plata, emprendía aventuras
semejantes bien acotadas por un subgénero que siempre se tomó demasiado en
serio a sí mismo a sabiendas que todo se trataba de un inmenso despiporre
intelectual.
Ficha Mínima:
Bugonia.
Director: Yorgos Lanthimos. Guión: Will Tracy. Fotografía: Robbie Ryan.
Montaje: Yorgos Mavropsaridis. Música: Jerskin
Fendrix. Producción: 2025, Irlanda, Reino Unido, Canadá, Corea del Sur, Estados
Unidos. Compañías: Focus Features, Universal Pictures. Elenco: Emma Stone, Jesse
Plemons, Aidan Delbis, Stavros Hailkas, Alicia Silverstone. Duración: 118
minutos.



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